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Acerca del valor del héroe.

Julián Fernández de Quero

En la Cultura de los Géneros patriarcal,  una de las cualidades morales que se atribuyen al género masculino es la valentía, como antítesis de la cobardía que sería un comportamiento típico del género femenino. Se supone que las mujeres estarían dominadas por el miedo, mientras que los hombres dominan su miedo y actúan con valor.  En términos generales, salvo excepciones, el valor suele ir asociado a la actividad guerrera. Si, como dijo alguien, la Historia de la especie humana puede reducirse a un tebeo de hazañas bélicas, los hombres que enfrentan de cara al enemigo, combaten hasta la extenuación, no se amilanan ante las condiciones inclementes que les rodean y son capaces de salir victoriosos en las batallas, son los héroes que verán sus esfuerzos recompensados con la gloria del reconocimiento social, las medallas, los títulos nobiliarios, la riqueza y el poder. En el caso de caer muertos en el fragor de la lucha,  su nombre perdurará en los libros de historia y en las canciones de los poetas para ejemplo de las generaciones venideras. Es así que la literatura, la poesía, la historia y el cine, nos recuerdan los nombres de Aquiles, Julio Cesar, los 300 de las Termópilas,  Pelayo, el Cid Campeador,  Hernán Cortés, Pizarro, los de El Alamo,  los Ultimos de Filipinas y un largo etcétera repleto de héroes.

 En la sociedades modernas, las guerras se han convertido en maquinarias complejas y tecnológicas que oscurecen las hazañas individuales, pero el cine se encarga de fabricar héroes ficticios que siguen manteniendo con su ejemplo el perfil  del héroe Image_002masculino:  Durante la II Guerra Mundial, la propaganda de cada bando resaltaba las heroicidades de militares anónimos, luego vinieron los rambos, los agentes secretos, los cero cero siete, y demás secuelas de héroes del celuloide.

¿Pero, de qué estamos hablando? El miedo es una emoción primaria biológica asociada en todos los animales al mecanismo de defensa. En una Naturaleza donde cada ser vivo es comida de otro ser vivo,  imperan las relaciones de depredación y defensa y los animales han desarrollado mecanismos innatos, unos, asociados a la agresividad  para responder al estímulo del hambre y buscar, cazar,  matar y comer, y otros, asociados al miedo para defenderse del depredador con la respuesta refleja de la huida, el ataque, el ocultamiento o la sumisión.  Los humanos, sin distinción de hombres o mujeres, hemos heredado filogenéticamente estas emociones primarias y ante una amenaza para nuestra supervivencia, respondemos instintivamente con el miedo que nos lleva a actuar como cualquier otro animal.

Sin embargo, el desarrollo de nuestra inteligencia creadora humana,  basada en el pensamiento reflexivo y los sentimientos evaluadores, nos han liberado de la esclavitud del comportamiento animal y el esquema  natural de “estímulo-respuesta refleja” ha sido sustituido por otro más creativo  de “estímulo-reflexión-elección-decisión-respuesta pensada”.  El desarrollo y aprendizaje del esquema humano ha llevado su tiempo: Llevamos doscientos mil años aprendiendo a comportarnos como seres racionales y libres y, a veces, cuando contemplas como actúan muchos individuos, uno tiene la impresión de que hemos avanzado muy poco. Esta  diversidad de desarrollos es lo que ha llevado a José Antonio Marina a definir dos ámbitos: El ámbito de la Naturaleza, en el que todavía se mueven muchos individuos comportándose como lo hacen los perros, los leones, las serpientes y los conejos, y el ámbito de la Humanidad, en el que actúan seres humanos que intentan comportarse con un sentido ético y estético específicamente humanos y que nada tiene que ver con la Naturaleza.

La valentía es una cualidad moral y, por lo tanto, pertenece al ámbito de la Humanidad, de la ética humana. José Antonio Marina, en su libro “Anatomía del miedo”, ofrece la siguiente definición de valentía: “Valiente es aquel a quien la dificultad o el esfuerzo no le impiden emprender algo justo o valioso, ni le hacen abandonar el propósito a mitad del camino. Actúa, pues, a pesar de la dificultad y guiando su acción por la justicia, que es el último criterio de la valentía.”. Es, pues,  la capacidad de, ante el influjo del estímulo que está pidiendo una respuesta inmediata, irracional y refleja, pararse a reflexionar las diversas respuestas que se pueden dar,  elegir la que nos parece más adecuada a nuestras convicciones y beneficio, decidir la respuesta y actuar en consecuencia, manteniendo la acción hasta el final.  “La valentía se mueve, pues, en el campo de la inteligencia creadora que aspira a superar nuestra naturaleza animal, a bailar sobre nuestros propios hombros. Lo nuestro es aspirar a un proyecto de vida que, antes de existir en la realidad, sólo existe en nuestra mente.” Las virtudes que acompañan a la valentía son la fortaleza, la perseverancia y la prudencia: No es más valiente el que se enfrenta al obstáculo o la dificultad como un torbellino, a lo loco, sin medir las circunstancias que rodean sus actos ni pensar en las formas de vencerlo. En este sentido, frente a la conducta iracunda, vengativa y apasionada de Aquiles, fue más valiente Ulises inventando el caballo de madera, enfrentado el riesgo de ocultarse en él a expensas de lo que hicieran los troyanos y salir cuando todos dormían para abrirle las puertas al ejercito aqueo. Marina, en la obra citada, nos invita a distinguir entre lo que es valentía y lo que no:

  1. Una cosa es el valor y otra no tener miedo: No se puede llamar valiente a quien no siente miedo. El impávido, el que no percibe el peligro, es un loco o un insensible. Las personalidades psicopáticas raramente sienten temor.  El valor es la ciencia de lo que se debe temer y de lo que no se debe temer.  Lo peculiar de la valentía es sobreponerse a una dificultad. Sólo es valiente el que mira el peligro cara a cara, con miedo, pero sin retroceder.
  2. Una cosa es el valor y otra la bravura:  Hay personas pendencieras, violentas, agresivas,  que disfrutan peleando, pero no son valientes. Los buscadores de emociones fuertes no tienen por qué ser valientes, sino temerarios. Para Aristóteles, la valentía está en el justo medio, entre la cobardía y la temeridad.
  3. Una cosa es el valor y otra la furia: La furia (ira) es una emoción que impulsa contra algo que nos entorpece el paso y puede llegar a la agresividad. Pero ambas permanecen en el nivel de las pasiones, no alcanzan el nivel de la valentía. Sería un contrasentido decir que todo violento es valiente.
  4. La valentía no es la sumisión a un miedo mayor: Quien en la guerra ataca porque teme un castigo por traidor o el deshonor o la vergüenza, no es un valiente, porque permanece bajo el reinado del temor. Lo mismo le ocurre al religioso que actúa heroicamente por miedo al fuego eterno. O el que acomete una acción por miedo al qué dirán.
  5. No es valentía la ebriedad: No lo es afrontar el peligro enardecido por el alcohol o por otras drogas, porque la valentía exige lucidez.

Por otra parte, en la definición se dice “y guiando su acción por la justicia, que es el último criterio de la valentía”. Es decir, como aclara Marina, “Al principio, bueno era lo que hacía el valiente, ahora es valiente quien hace lo bueno. Un acto de valor no lo es si no se realiza con integridad, fortaleza y lealtad. La valentía es el acto de emprender cosas altas, acompañado del tesón para perseguirlas y acabarlas. Hemos entrado claramente en el reino de la actividad creadora. La valentía es la virtud del inicio, mientras que la fidelidad es la virtud de la continuación. Pero como esa permanencia tiene que fundarse en un acto continuado de valor, puede definirse la fidelidad como una valentía perseverante”.  Por lo tanto, la valentía es una cualidad moral que nace de la inteligencia creadora humana y que busca un fin ético, la justicia.

Según estos criterios, no nos valen todos los héroes que nos han vendido a través de la Historia, en realidad, nos valen unos pocos solamente y han existido y existen muchos héroes y heroínas anónimas que no entraron en los libros de historia.  Aquiles no fue un héroe, sino un ser violento que intentó vengar la muerte de su amigo sin pensarlo dos veces.  Ulises no fue un héroe porque su valor ni estaba guiado por la justicia, sino por el afán de vencer a Troya y aumentar el poder hegemónico de los aqueos. Y así podríamos seguir con Julio Cesar, Hernán Cortés, Pizarro y una larga lista de los llamados héroes. Enrique Gil Calvo, en su libro “Máscaras masculinas”, analiza los tres modelos míticos que la Cultura de los Géneros inventó para establecer el perfil ideal de la masculinidad y que son: El Héroe, el Patriarca y el Monstruo.  Al referirse al Héroe dice:

“El dilema del héroe redentor es que si se sacrifica por los demás es porque busca el bien común, que incluye a los gorrones, parásitos y monstruos. Sin embargo, en la práctica, el héroe se dedica a matar o expulsar de la comunidad a éstos, excluyéndoles del beneficio común. Luego, el héroe para obtener beneficios colectivos, debe comportarse como un monstruo agresor”.  Es evidente que se está refiriendo al héroe guerrero clásico y al ejecutivo competitivo y agresivo moderno.  Los Héroes, así entendidos,  son hombres que buscan un lugar bajo el sol en forma de reconocimiento social, poder, fama o riqueza, para lo que tienen que emprender tareas llenas de dificultades y vencer en ellas para que la sociedad les convierta en Patriarcas poderosos con capital. Si fracasan, se convertirán en Monstruos rechazados por la sociedad. El mismo autor lo explicita claramente: “Total, que ni el héroe sacrificado ni el monstruo free rider son lo que parecen. El héroe es en realidad un mercenario que se disfraza de redentor altruista y el monstruo es un parásito dependiente de sus víctimas.  Este paradójico enfrentamiento entre antagonistas divididos ha sido formalmente desmenuzado por Robert Axelrod en su análisis del dilema de los prisioneros”.

Image_003Por eso es tan importante distinguir entre las actitudes y comportamientos valientes cuya meta es la mera supervivencia (y ahí el comportamiento más paradigmático sería el femenino de las mujeres que afrontan las dificultades de un éxodo frente a la guerra, protegiendo a sus criaturas y enseres contra las inclemencias de un campo de refugiados, como auténticas heroínas), de los comportamientos tradicionalmente considerados heroicos y que, en el fondo, no son más que la expresión de la ambición egoísta de acceder al poder y la gloria a costa de lo que sea (por ejemplo, aparentando que actúas como un héroe cuando en realidad te comportas como un monstruo) y, en fin, de los comportamientos y actitudes valerosas que están guiadas por una meta ética, de búsqueda de la justicia (habría que buscarlos entre los hombres y mujeres que luchan por una sociedad más justa, igualitaria y libre, libre de cadenas de clase, raza, género y cualquier otra discriminación y explotación). Concluyendo, como dice Gil Calvo: “los héroes actuales (masculinos de género) son tramposos consumados, desde que invirtieron la máxima olímpica optando por leerla al revés: Lo importante es ganar más que participar, lo que puede hacerse de cualquier modo fraudulento, irregular o indigno que resulte. Esto sucede en todos los campos profesionales, en los deportivos, en la política y en la economía. Esto ocurre a escala macroscópica, a escala microscópica y personal: Como el fin justifica los medios, todo vale, incluso mentir y defraudar con tal de triunfar y trepar. Si bien se mira, la máscara del héroe resulta tan ridícula y risible como la de un loco, un bufón o un payaso. El heroísmo masculino resulta inherentemente absurdo, falaz y contradictorio, obligado como está a hacer el mal para obtener el bien y cuando desea hacer el mal sólo consiguiendo hacer el bien (como el Mefistófeles de Goethe)”.

Para practicar la valentía y comportarse como héroe o heroína, no se necesita la violencia, ni la competitividad, ni demostrar el mérito, ni  aprender a ser  afectivamente duro y reprimido, ni a ver en las mujeres el premio sexual a su valor. Nada de eso. Basta con intentar  desarrollar proyectos guiados por la meta de la justicia,  llevarlos a cabo con fortaleza de ánimo, perseverancia en su consecución,  prudencia en los medios elegidos, y fidelidad a uno/a mismo/a para llegar hasta el final. Aquí es donde radica la verdadera heroicidad  que no es de género sino, simplemente, humana.

admin

Un Comentario

  1. Interesante post relacionado con este tema quiero opinar que tristemente la sociedad asocia demasiado la valntia con no tener miedo. Cuando como tu lo indicas es todo lo contrario, estoy de acuerdo contigo en que para ser valiente se debe tener solo el compromiso de fidelidad con uno mismo, integridad fortaleza y sobre todo la lealtad . creo que estoy de acuerdo contigo en que eso es lo que se necesita y debe reeducar a los niños más que todo a ser valiente y no decirles que no deben tener miedo por que como tu dices eso es parte de la naturaleza humana. Excelente post, gracias por compartirlo.



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