PÚBLICO.ES – Londres – 05/01/2010 10:03
El King’s College of London ha realizado un estudio sobre la sexualidad de 1.800 mujeres y ha llegado a la conclusión de que el punto G no existe.
El documento, que es el mayor compendio de este tipo desarrollado hasta la fecha, va más allá y afirma que esa supuesta zona del cuerpo no es más que un producto de la imaginación de las mujeres alimentado por terapeutas sexuales y revistas.
Según informa hoy la BBC, para llegar a esta conclusión, el equipo londinense entrevistó a grupos de mujeres gemelas idénticas y no idénticas.
Los investigadres esperaban que en el caso de las hermanas idénticas, si una decía tenerlo, la otra respondiera de la misma manera ya que comparten los mismos genes.
El resultado, sin embargo, no fue este y las gemelas idénticas no compartían esta zona erógena más que las gemelas no idénticas entrevistadas y que sólo comparten la mitad de sus genes.
El estudio entrevistó a mujeres gemelas idénticas y no idénticas para elaborar sus conclusiones.
Uno de los coautores del estudio, el profesor Tim Spector, dijo que “las mujeres podrían argumentar que el tener o no punto G depende de la dieta o del ejercicio, pero de hecho, es imposible encontrar una sola prueba real”.
Presión añadida
Su compañera de trabajo, Andrea Burri dijo además que existe una preocupación en que las mujeres que dicen no tener punto G se sientan inferiores o raras, por lo que para ella, “es una irresponsabilidad hablar sobre la existencia de algo que nunca ha sido probado y que presiona tanto a mujeres como a hombres” a la hora de mantener relaciones sexuales.
La sexóloga que ha ayudado a popularizar el punto G afirma que el estudio es incompleto.
Para la doctora Petra Boynton, psicóloga sexual de la University College London, “es bueno buscar el punto G, pero no hay que decepcionarse si no se encuentra. No debería ser el único objetivo, porque cada uno es diferente”.
Sin embargo, la sexóloga Beverley Whipple, que ha sido una de las personas que más ha ayudado a popularizar la existencia del punto G, cree que el estudio es “incompleto”. Para ella, los investigadores no han tenido encuenta las experiencias de mujeres lesbianas o bisexuales y no han tenido en cuenta los efectos de tener diferentes parejas sexuales con distintas técnicas a la hora de hacer el amor.
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EL PAÍS. Noticia.
“Ya era chica. Tras la operación su apariencia no ha cambiado”
En 1999, Ivan Mañero, cirujano plástico y reconstructivo, decidió emprender un reto: especializarse en cirugía para la reasignación de sexo. En España, no había donde estudiarlo, así que tuvo que pasar largas estancias en Holanda, Brasil, Reino Unido y Estados Unidos. “Los colegas me tacharon de loco, decían que me iba a llevar más problemas que otra cosa”, explica. Al principio, así fue. De vuelta, instaló su clínica privada en un edificio de la Rambla Cataluña de Barcelona. Acudió a la primera reunión de vecinos para presentarse cordialmente. Uno de ellos empezó a gritarle que era el demonio. También empezó a notar reparos entre sus colegas cirujanos plásticos. Por suerte, las cosas han cambiado, y mucho. Hoy se siente contento de las más de 500 intervenciones de reasignación de sexo que lleva realizadas. Y no tan sólo en su centro privado. Hoy está al frente de la Unidad de Trastornos de Género del Clínic de Barcelona. Sus manos han modelado la vagina del primer menor transexual operado en España, tras recibir una autorización judicial.
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